Capítulo 5

En el modelo cuántico, α es el Observador por excelencia. La física cuántica nos ha demostrado que el universo material (γ) no es sólido y determinado. Es un campo vibratorio de potencialidad (β). Es el acto de la observación (la Elección de α) lo que "colapsa" esta nube de probabilidades en una experiencia definida.

Cuando el Arquitecto (α) está despierto, sus elecciones son conscientes. Observa el "ruido" del Ego (γ) y la turbulencia de β (emociones caóticas) y elige activamente una frecuencia de coherencia. Colapsa conscientemente una realidad armónica.

El gran desafío del sistema, la fuente de toda disonancia, es la identificación . Es el olvido que ocurre durante la inmersión. El Arquitecto (α) se fusiona con la experiencia del instrumento (γ). El compositor se olvida de que está dirigiendo y cree que es el violín. En ese momento, α deja de ser la Causa Primera y se convierte en un efecto, reaccionando al "ruido" de su propio piloto automático. El director abandona el podio y la orquesta (el Ego) se sume en el caos.

El viaje de la maestría es, por tanto, un viaje de recuerdo : el acto de α de despertar dentro de la ecuación y reclamar su rol como el director silencioso de la sinfonía.

La interacción de α con el resto del sistema es un milagro de transducción de frecuencia . α, como Intención Pura, vibra a una frecuencia casi infinita, inmaterial. γ, como materia densa, vibra a una frecuencia extremadamente baja y lenta. Son como la luz del sol y la raíz de un árbol: dos realidades que parecen incompatibles.

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