La hipótesis de los campos morfogenéticos - "campos mórficos", propuesta por el biólogo y bioquímico Rupert Sheldrake, lleva la idea de un campo colectivo desde el ámbito de la psicología al de la biología y la física. Sheldrake postula la existencia de campos de información no-locales que actúan como planos o "moldes" para la forma y el comportamiento de todos los sistemas autoorganizados, desde los cristales y las moléculas hasta los organismos vivos y las sociedades. Estos campos, según su teoría, no son fijos, sino que evolucionan a través de un proceso llamado resonancia mórfica .

La resonancia mórfica es el principio por el cual los sistemas "sintonizan" con los campos de sistemas similares del pasado. Una vez que un sistema aprende un nuevo patrón de comportamiento (por ejemplo, una rata en un laboratorio aprende a navegar un laberinto), la forma y el comportamiento de esa rata influyen en el campo mórfico de su especie. Esto, a su vez, hace que sea marginalmente más fácil para todas las ratas futuras de la misma especie aprender la misma tarea, incluso en ausencia de cualquier mecanismo de transferencia de información conocido. El campo tiene una memoria acumulativa que se transmite por resonancia, no por herencia genética.

Desde la perspectiva de la Ciencia Espiritual, el modelo de Sheldrake es una descripción funcional y precisa de cómo opera la Red Consciente como un sistema de aprendizaje colectivo . El campo morfogenético es la Red Fractal. La resonancia mórfica es el mecanismo a través del cual la coherencia y el aprendizaje de un nodo (una conciencia individual, ω) se "suben" al campo colectivo, actualizando el "software" de la especie y facilitando la evolución de otros nodos. Valida la idea de que nuestro crecimiento no es un acto aislado; cada "bug" que depuramos en nuestro propio sistema contribuye con un "parche" al programa colectivo.

Aunque la hipótesis de Sheldrake sigue siendo considerada de vanguardia por la ciencia convencional, ha inspirado una variedad de experimentos que han arrojado resultados intrigantes, si bien no concluyentes. Independientemente de su aceptación final, su valor para la Ciencia Espiritual reside en que proporciona un modelo de ingeniería riguroso. Despoja a la idea de la conciencia colectiva de connotaciones místicas y la presenta como un sistema de transferencia de información, un fenómeno que es, en principio, observable y verificable. El campo mórfico es la descripción científica de la "atmósfera" vibratoria que cada especie, incluida la humana, genera y en la que evoluciona.

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