La ciencia, especialmente la psicología y la neurociencia contemplativa, proporciona una sólida validación para el principio de la desidentificación y su poder transformador. Las terapias de tercera ola, como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), se basan fundamentalmente en este concepto.
La ACT no intenta cambiar o eliminar los pensamientos o sensaciones dolorosas, sino cambiar la relación que tenemos con ellos. Una de sus técnicas centrales es la "defusión cognitiva", que es la descripción clínica exacta de la desidentificación. La defusión consiste en aprender a observar los pensamientos como lo que son —eventos lingüísticos en la mente— en lugar de como verdades literales con las que estamos fusionados. Se utilizan ejercicios como repetir una palabra negativa ("inútil") en voz alta hasta que pierde su significado y se convierte en un simple sonido. Esto crea un espacio entre el observador y el pensamiento. De manera similar, se enseña a los pacientes a tratar las sensaciones corporales dolorosas (γ) no como "yo" sino como "una sensación que noto", anclándose en el "yo observador" ( observing self ), que es el correlato terapéutico del espíritu de α¹.
La meditación de atención plena ( mindfulness ) es, en su núcleo, un entrenamiento en la desidentificación. Al instruir al practicante a observar el ir y venir de los pensamientos, emociones y sensaciones corporales sin juzgarlos y sin aferrarse a ellos, la meditación cultiva sistemáticamente la perspectiva del usuario en lugar de la de la máquina. La neurociencia ha validado este proceso: la práctica regular de mindfulness reduce la actividad de la Red Neuronal por Defecto (RND), el "hardware del ego narrativo" que genera el sentido de un "yo" fusionado con la historia personal. Al mismo tiempo, fortalece las redes de la corteza prefrontal asociadas con el control ejecutivo y la metacognición (la capacidad de pensar sobre nuestros propios pensamientos), el hardware de α como observador.