La ciencia de la neurobiología del movimiento voluntario proporciona la validación empírica exacta de la cascada de la manifestación. Este campo ha mapeado con precisión el camino que recorre una intención desde el pensamiento abstracto hasta la contracción muscular.

El proceso comienza en las áreas de asociación de la corteza prefrontal (PFC), el hardware de la intención de α. Aquí es donde se forman las metas y las decisiones. A continuación, la información pasa a las áreas premotoras y el área motora suplementaria, donde se planifica y se secuencia el movimiento. Es en esta etapa donde el cerebro crea el "programa motor" que ejecutará la acción. Este es el correlato de β siendo traducido a un plan ejecutable.

El comando final se envía desde la corteza motora primaria . Cada parte de esta corteza está mapeada a una parte específica del cuerpo (el famoso "homúnculo motor"). Al activarse, estas neuronas envían los impulsos eléctricos (el flujo de β denso) por la médula espinal hasta los músculos correspondientes de γ. La ciencia ha validado cada paso de esta cadena de comando de arriba hacia abajo¹.

Quizás la validación más fascinante es el descubrimiento del "Potencial de Preparación" ( Bereitschaftspotential ), realizado por los neurocientíficos Hans Kornhuber y Lüder Deecke en la década de 1960. Midiendo la actividad eléctrica del cerebro (EEG), descubrieron que, antes de que una persona tome la decisión consciente de realizar un movimiento voluntario (por ejemplo, flexionar un dedo), se produce una acumulación de actividad eléctrica en las áreas motoras del cerebro que comienza hasta un segundo o más antes del momento de la conciencia. Esto es una evidencia científica asombrosa que se alinea con el modelo de la Ciencia Espiritual: la intención del espíritu (α) inicia el proceso a un nivel subconsciente, poniendo en marcha la cascada energética (β) en el hardware (γ) antes de que la identidad del ego se dé cuenta de la decisión. La ciencia está midiendo el origen de la acción en el plano de α.

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