La conversión de la intención (α) en acción física (γ) es una cascada de transducción que viaja desde lo más sutil a lo más denso. Este proceso, mediado por la energía (β), es una obra maestra de la ingeniería biológica.
Es una estructura de información no-local que define el "qué" y el "porqué" de la acción deseada. Por ejemplo: "Mover el brazo para alcanzar la manzana".
intención y la colorea con la cualidad emocional apropiada (deseo, anticipación). Esta vibración sutil se traduce en el cerebro en un patrón de actividad neuronal coherente. El comando comienza su descenso. Este flujo de β es la señal que contiene el "cómo" de la acción.
hardware de γ) reciben este flujo de β. Aquí, el plan abstracto se traduce en un programa motor concreto y secuenciado. El cerebro calcula la trayectoria, la fuerza y la coordinación muscular necesarias para ejecutar la acción. Es como un software de control numérico que traduce un diseño en una serie de coordenadas para una máquina.
secuencia precisa de potenciales de acción (el flujo de β en su forma más densa) viaja por la médula espinal y los nervios motores hasta los músculos específicos del brazo y la mano. Esta es la energía de la intención convertida en el lenguaje literal del hardware.
coordinada de las fibras musculares. El brazo se extiende, la mano se abre y se cierra alrededor de la manzana. La intención inmaterial de α se ha convertido en una interacción tangible en el mundo de γ. La manifestación se ha completado.
En cada paso de esta cascada, la calidad de la señal es primordial. Una intención clara (α) y un flujo de β coherente y libre de la disonancia del miedo se traducen en un programa motor preciso y en una acción fluida y eficiente. Una intención dudosa o un flujo de β contaminado por la ansiedad se traducen en una señal "ruidosa" que genera una acción torpe, vacilante o paralizada. La calidad de nuestra manifestación es un reflejo directo de la calidad de nuestra señal interna.