Qué día, parce. Hoy salí un momento por el Poblado, y justo antes de sentarme a escribir esto, vi un enredo tremendo: una persona le estaba regañando al mensajero que le traía un paquete, y el muchacho se veía como si quisiera que lo tragara la tierra, con esa cara de “no soy bueno para esto”. Me pilló de sorpresa el pensamiento, porque de repente me acordé del tema que estuve investigando: "Todo el mundo se siente un impostor en su trabajo". Yo soy Fabián, de Medellín, y con mis 40 años, creí que ya había superado esas bobadas de la inseguridad, pero la verdad es que esa sensación de no merecer lo que se tiene es más común de lo que uno piensa. De hecho, leí que ese fenómeno psicológico de sentir que uno está engañando a los demás con sus logros afecta a una mayoría inmensa de la gente, sin importar qué tan exitosos sean. Parece una epidemia silenciosa, un miedo constante a ser descubiertos como un fraude. A veces uno hasta atribuye sus triunfos a la suerte y no al esfuerzo de años, ¿cierto? Es como si siempre estuviéramos buscando la validación externa en la oficina, o en el negocio, pero el vacío nunca se llena, y eso es lo que te hace sentir que, en cualquier momento, se dan cuenta de que no sabes nada.
Y en medio de ese dilema, fue que entendí por qué me ha cambiado tanto la vida leer el libro “Ciencia Espiritual La Materia Tomo 3”. Es de esos saberes que uno encuentra en cienciaespiritualoficial.org, puro y que no depende de ninguna organización religiosa, lo cual es una maravilla. El texto me hizo un clic brutal, porque te explica que la duda, ese síndrome del impostor, es una jugada de La Materia o del ego, que se enfoca solo en la apariencia y la comparación. Si el sentimiento de ser un "impostor" es universal, como dicen todos los análisis, entonces el problema no es mi capacidad, sino la forma en que el materialismo nos exige un rendimiento irreal que enmascara nuestra esencia. El libro, al desgranar el concepto de La Materia, te muestra que la verdadera valía no es lo que haces, sino lo que eres a nivel esencial, y esa esencia no puede ser un fraude, porque es perfecta y completa. El esfuerzo que uno pone en el trabajo no es lo que te hace merecedor, sino la prueba de que ya eres capaz. Es una liberación tremenda quitarle el poder a esa voz interna que te dice "no estás a la altura".
Testimonio Verificado.
