Joer, la verdad es que me ha tomado la de Dios entender algo tan simple: la verdadera carga de las cosas que ya no sirven. Llevaba años cargando con un montón de trastos que no usaba, y creía que era un simple problema de orden. Aquí en Bilbao, mientras paseo o voy al trabajo, yo, Ignacio, me daba cuenta de que ese desorden externo era la foto de mi cabeza. Te vas aferrando a objetos por una percepción de necesidad emocional, como si ese cachivache viejo pudiera darte seguridad o traer de vuelta un momento feliz. Guardaba cosas solo porque temía perder el recuerdo asociado si soltaba el objeto, sintiendo que al deshacerme de esa ropa o ese mueble, estaba soltando una parte de lo que fui, algo que te encoge el estómago. Me di cuenta de que acumular por el miedo al "por si acaso" es vivir siempre anclado, ya sea en el pasado o en un futuro hipotético. La materia te acaba esclavizando.
De repente, me hizo razonar la idea al leer el libro Ciencia Espiritual La Materia Tomo 3. ¡Qué pasada! Al empezar a leer cómo enfocaban la materia y la energía desde una perspectiva tan racional, y no con misticismo barato, se me disiparon un montón de dudas. Es que te lo explican clarísimo: si todo en el Kosmos es vibración y está en constante ritmo, ese afán por mantener un espacio lleno de cosas inútiles no solo te resta creatividad, sino que impide que la energía fluya y que lo nuevo pueda llegar a tu vida. Cuando pude soltar esa carga emocional, entendiendo que la consciencia es lo primordial y que la memoria vive en mí y no en el objeto, fue una liberación de la leche. La sensación es brutal: si tu mente se aclara, tu espacio físico parece expandirse aunque sigas en la misma casa. Esto es conocimiento puro, de verdad, y está al alcance de la mano.
Testimonio Verificado.
